Siento la necesidad de escribir tantos temas que a veces me asusto. Claro, son muchas las vivencias que tengo guardadas en la memoria y por eso, antes de que me olvide, quiero ponerlas aquí, para que queden grabadas en letras las imagenes que surgen en mi cabeza y que como por arte de magia bajan hacia las manos que manejan el teclado, como si fuera otro el que las escribe.
Por ejemplo, hace mucho tiempo cuando estaba en la escuela primaria, en el colegio María Auxiliadora de Ensenada, tenia clases de labor por la tarde. Mientras algunas alumnas bordábamos manteles, toallas de granité, servilletas o pañuelos, otras tomaban clases de piano. En el salón de labor siempre alguien leía la vida de alguna santa o beata, y el aire se llenaba con las notas del «Para Elisa» o algún estudio simple de Chopin. Yo quería estudiar piano, pero para eso había que pagar un poco más en la cuota escolar, mi papá no podía hacerlo, así que tuve que conformarme con aprender el punto cruz, el relleno, el margarita, etc.
Entonces me di cuenta de que podía hacer otra cosa tan buena como la música, escribir. Y así me dediqué a perfeccionar mi redacción leyendo mucho, mis libros de cabecera (que todavía guardo) fueron los de Louise May Alcott, sus historias me transportaban a una época muy lejana pero mi imaginación y la excelente descripción de Louise, me ayudaron a vivir con sus personajes cada una de sus aventuras. Las composiciones de la materia que entonces se llamaba Lenguaje, me salían perfectas y mis notas eran siempre buenas, las monjas elogiaban mi facilidad para escribir y yo disfrutaba tanto eso como si hubiera tocado el piano.
Bien, esto es todo por ahora, a modo de introducción de otros temas que voy a ir publicando cada vez que pueda. Este recuerdo lo dejo aquí, antes de que se me olvide.